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El tripulante de proa

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Publicado por la Revista Timoneles, de Argentina.

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El Tripulante de Proa: una especie necesaria

                                                                               José Rothman

Es el tripulante adorado cuando es efectivo, buscado por muchos como necesario para mejor navegar y que muchas veces es homenajeado con reproches e imprecaciones a su intelecto y ancestros que dejan pequeño al capitán del Bounty en sus peores momentos.

El velero se deslizaba por el río Luján. Lo hacía a motor junto con otras embarcaciones. El barco de Lucio era el último. Era un sábado a la mañana en un invierno frío por lo que  Lucio  estaba sumamente abrigado y a cargo en el cockpit mientras su familia aún dormía en la cabina.

En un momento dado Lucio escuchó “Huuu…Heee”. Alguien le llamaba desde la costa fue su pensamiento. Giro su cabeza y busco entre los muelles a quien le quería llamar la atención. No vió a nadie. Solamente la neblina que la incipiente mañana brindaba entre la vegetación. Volvió a escuchar “Heee….Huuuu”. Al llegar a este punto Lucio cuando nos relata el caso se pone serio y preocupado con el solo recordar. “Volví a mirar hacia ambas bandas y no veía a nadie”. Hasta que se le ocurrió volverse a popa y cual seria su sorpresa al descubrir que el llamado de atención provenía de la proa de una inmensa chata arenera que avanzando a mayor velocidad que la que él llevaba ya estaba solamente a unos cuarenta metros de su popa. Los llamados de atención provenían de un tripulante que había sido enviado por el Patrón de la chata a proa, valga, con la misión de alertar a Lucio porque probablemente la chata careciera de sirena o bocina en funcionamiento.
Lo cierto es que Lucio cuenta que nunca en su vida salió de una línea de crujía ajena en tan poco tiempo y que aún cuando recuerda se pone muy nervioso.

Otra experiencia recogida es la que les ocurrió a tres amigos: El velero iba rumbo a Mar del Plata. Había partido de Buenos Aires y el mar se le presentaba arbolado. Era un velero de regata de 31 pies. Su tripulación Fredy, Jorge y Martín. Había que hacer una maniobra en proa y tanto Jorge como Fredy manifestaron su reparo en participar de ella.. Olas de tres metros y el barco que se elevaba y caía al compás de las mismas. Martín un experimentado navegante, de costas y océano atlántico sur como del estuario del Río de la Plata y las costas de Brasil dijo “Yo voy”. Así se calzó y cerró muy bien su traje de agua y coloco su arnés ligándolo a la línea de vida. Rumbeo hacia proa y en sus menesteres estaba cuando una ola fuera del tren normal de olas cubrió todo el barco completamente dejando que emergiera solamente el palo. Jorge y Fredy desesperados mirando hacia proa por Martín. Poco a poco comenzó a aparecer el barco entre la espuma y su alivio fue cuando despejándose la cubierta de agua vieron a Martín aferrado como una garrapata al barco con manos al pulpito de proa y los pies trabados en los candeleros. Martín regreso al cockpit y la navegación llego a buen término. Pero nadie habría de olvidar nunca ese momento, mezcla de desesperación y humor posterior, superado por la calidad y experiencia de un navegante.

Los incidentes dan paras muchas reflexiones, enseñanzas y aprendizajes. Por la incapacidad o capacidad del Patrón y del tripulante de la chata arenera. Por la desesperación ante los hechos y la calma ante su resolución.  Dan hasta para la broma y el humor.

De algo estamos seguros: ponen de manifiesto la función en los barcos de alguien en la proa. En nuestros barcos deportivos hace aparecer de repente la figura del tripulante de proa. Tripulante adorado cuando es efectivo, buscado por muchos como necesario para mejor navegar y que muchas veces es homenajeado con reproches e imprecaciones a su intelecto y ancestros que dejan pequeño al capitán del Bounty en sus peores momentos.

En maniobras de crucero

Quienes hacemos del crucero un hábito sabemos, vemos y escuchamos la vida y obra de los proeles de crucero. Ellos están a cargo del ancla, del cabo de amarre o de la vinculación de la nave con algún muelle o embarcación durante la respectiva maniobra.

Los buenos tripulantes de proa se entienden con su capitán o quien esté al timón en el caso. Bastará una seña. Simplemente un dedo, una mano o un brazo realizando un determinado movimiento servirán para el dialogo y la confirmación. Y en muchas embarcaciones esto ocurre como norma. Sin embargo en otras no es así. Resulta que en proa está la esposa o hijos o un tercero que no son tripulantes y tienen si mucho más de pasajeros de la nave el capitán en un sentido se encuentra solo. Y esto nos plantea la situación de cualquier maniobra. Su anuncio, el cómo se hará y los pasos que se seguirán conforme las condiciones imperantes de viento y corriente y otros barcos son fundamentales para el tripulante de proa no tan avezado o con conocimientos escasos. Decirle a un ciego que corra en la mitad de una avenida tendrá resultados de inmovilidad en este o de un directo accidente de transito. Y esto mismo ocurre en la náutica. El que no sabe es como el que no ve.
Parte de la responsabilidad que un tripulante familiar o amigo se desarrolle correctamente es que sepa. Y que el capitán le indique lo que tiene que saber.

Amarres y los tripulantes de proa

Vemos llegar a amarrarse en las palmeras de un restorán delteño a un velero que viene en fuerte estropada y en la proa joven esposa del capitán. El barco apunta a la palmera clavada en el agua y le pega exactamente en el medio con su proa, rápidamente la tripulante de proa pasa el cabo de un lado a otro en una magistral maniobra realizada mientras aun se escucha el “Boing” del barco al rebotar contra la palmera. A medida que se aleja por el rebote (eso si enganchado el cabo en una impecable ida y vuelta) y vemos pedazos de palmera en el barco y pedazos de barco en la palmera la tripulante le dice al capitán “Listo” y van en busca de la palmera de popa. Esa es gente que se entiende.

En otros casos no ocurre de esta manera. Hay una verdadera incomunicación entre el capitán y su tripulante de proa. En la medida en que el capitán se va sintiendo cada vez más incomprendido y las maniobras se van sucediendo mal su animo se va encrespando y finalmente desemboca en una serie de insultos que no se detienen ni por situación política o familiar alguna. Es casi una transformación en un Lobo con filosos dientes y gorra de almirante… que al finalizar la maniobra vuelve a ser un simple cordero feliz y disfrutador de la náutica. Obvio que en algunos casos se ven rebeliones como ser una esposa que en medio de la maniobra vuelve al cockpit abandonando todo, tira el bichero en la bancada y se introduce en la cabina en absoluto motín de abordo. La pregunta es si el tripulante conoce lo suficiente y aún si el capitán se ha tomado el trabajo de explicarle lo que va a hacer y que desea que ocurra.

Algunas maniobras de crucero dejan saldos originales: como la de aquel capitán que para tomar un cabo a los árboles de una isla dejo en el comando a su esposa y finalmente quedó tomado de una rama mientras el barco se retiraba graciosamente de sus pies para finalmente ya falto de fuerzas y viendo que la nave no habría de regresar a buscarlo caer desde las alturas al agua. Al punto del amarre debemos reconocer que no todo es perjuicio para los proeles en el amarre. Generalmente son los que más contacto tienen con la naturaleza al momento de amarrar entre árboles y flores pues muchos capitanes ponen la proa para facilitar la maniobra y hacen que nuestro hombre a cargo de la proa parezca mas que marinero un jardinero atendiendo un exuberante jardín..

El buen tripulante de proa es quien prepara ante una maniobra de abarloamiento o amarre los cabos y defensas ya preventivamente. Es quien tiene preparados los cabos para que dicha maniobra sea positiva de primera intención. Y es quien retirara las defensas una vez que la embarcación parta al abandonar un abarloamiento o amarre evitando que la nave parezca la publicidad de una fabrica de embutidos al navegar con los “chorizos” colgando.
Claro que a veces la tripulación no calificada también ayuda. He visto a Capitanes dar la orden a alguien a bordo de “ahora que nos acercamos dale el cabo a Pepe” y efectivamente me han dado el cabo. Todo el cabo sin quedarse con nada y en una madeja engalletada que toca lo inmundo. Y no es que yo sea refinado al momento de maniobras sino que un procedimiento así es realmente… un asco.

Fondeos y tripulantes de proa

La maniobra de fondeo es particularmente única en cada barco. Si se dispone de cabrestante se facilitan mucho las cosas al fondear y mucho más al levar el ancla. Si no se dispone de cabrestante al recoger el ancla es muy importante la indicación del tripulante proel acerca de la dirección en que se encuentra el fierro y la línea que tiene el cabo o cadena hasta llegar a la situación de pendura o línea vertical del cabo o cadena. A mis hijos les pido me indiquen la pendura, normalmente si la maniobra se demora me animo a preguntar “¿Adonde esta el ancla?” y normalmente también recibo  información que me deprime pues me la señalan a popa y unos diez metros pasados. O sea todo tarde y mal. Claro ellos viven como muchas personas el ir al ancla como un castigo de galeotes.

Vigilando en la proa

La presencia del tripulante de proa no se agota en el fondeo o en el amarre. Hay otras delicias que le son reservadas por ejemplo ser vigías en caso de arrecifes en aguas translucidas (no es caso en nuestra comunidad náutica  y ribereña) de niebla cerrada o noche oscura. Ello depara ciertos riesgos: mas de uno ha caído sobre alguna escollera no advertida o como en un caso que me relataron de niebla combinada con bebida, en el cockpit de otro barco luego de abordarlo. En los casos de navegaciones en aguas poco conocidas y con riesgo de varadura no ha de ser raro que un tripulante deba ir a proa a utilizar la sondaleza para ir viendo la profundidad que disponemos avante. Porque con las sondas electrónicas en general luego de vararnos es que nos enteráramos que no hay agua. Aunque ya tenemos algunos modelos que leen “hacia delante” lo que es agradecido sobremanera por el STP o sea el Sindicato de Tripulantes de Proa.

Tripulantes de proa en Regata! : los puestos en regata son claves. Timonel, trimador, táctico, pianito y nuestro infaltable proel. Al decir de Gabriel Schröder , reconocido navegante, diseñador y hombre de las regatas en Argentina, con quien conversara especialmente este tema,  “El tripulante de proa es generalmente el mas joven, el más ágil, el más rápido, el más liviano porque su presencia y peso en proa no ha de hundir el barco haciendo freno a la carrera que lleva. Es el que liga los problemas pues tiene los enrosques de spy y por supuesto liga los insultos de los sabihondos de popa. Debe tener una muy buena comunicación con el que opera el pianito para el cambio de velas de un tipo por otro en la misma vela por otra de menor o mayor peso”. Gabriel sentenció “Deben tener muy buena comunicación porque uno depende del otro. Son un equipo”.

Y más allá de las bromas y anécdotas creo que esta sentencia define claramente al tripulante de proa. Muchos piensan que la caña es lo vital en una embarcación. Sin embargo existe –gracias al dios Neptuno – la figura del tripulante de proa. Él facilita las cosas y se torna en alguien vital cuando se integra efectiva y creativamente tanto en la regata como en el crucero. Es quien complementa de manera sumamente definitoria la operación y el optimo desempeño de una embarcación.

Hasta la Próxima !!!