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Cuentos

Cuentos cortos de Esteban Casañas Lostal (Dos)

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¿Que pasa cuando un marino duerme o lo hacen dormir?. ¿Que pasa luego de un buen ron?. ¿Que pasa si toman los marinos de punto a un compañero? Esteban lo cuenta y nos hace vivir esos momentos en tres cuentos cortos…

Antaño, oficial de la marina mercante cubana, hoy exiliado en Canadá, donde se ha dedicado a narrar sus ricas y numerosas vivencias en blanco y negro. Casañas Lostal es el autor de Cuba es un cuento, compay.
De la pagina de otro cubano, residente en Miami, Armando Acosta hemos recogido estos relatos frescos, alegres y marinos de Esteban que sin duda son una brisa en el alma de cualquiera que navegue lo haga donde lo haga.

Cuentos cortos de Esteban Casañas Lostal (Uno)

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“Sería interminable todas las narraciones, historias y anécdotas, de esta gente que aún jugándose la vida, muchos de ellos no perdían su buen carácter y los deseos de hacer maldades, eso es material para otro libro sobre el mar, solo quería no dejar de pasar por alto la existencia de estos seres, con los cuales compartí más de la mitad de mi vida en Cuba.”
Este es el epilogo de las narraciones de Esteban Casañas Lostal.

3er Premio – El Viaje del HARUWEN por Gustavo Agra

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Puerto de Olivos, diciembre de 1996

Querido Daniel:

Por comentario del gordo Gonzalvez me enteré que en los próximos días partirás para Mar del Plata y navegar hasta aquí abordo del Haruwen, por eso es necesario que sepas algunas cosas que nunca te conté por temor a que no me creas.

Los años transcurridos desde los sucesos que te voy a relatar, más la edad que tengo pueden hacer que incurra en errores, quizás esto te aclare algunas dudas y dé respuesta a tantas preguntas que me hiciste y con propósito nunca respondí o si lo hice fue con evasivas o alguna mentira, te pido disculpas pero al leer el relato sabrás comprender.

2do Premio – Cuestión Nominal por Adriana Mónica Lamela

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Las olas rompen con furia salvaje contra el acantilado. Las horas llegan; pasan. La marea sube; baja. 

Los pescadores han tirado ya las redes al generoso mar y, después de recoger sus ventas, van de regreso al hogar, con los canastos vacíos y los bolsillos no tan vacíos como al amanecer. Durante el tiempo de la pesca, una bandada de gaviotas ha dejado descansar sus alas, planeando a la espera de aquello que desechan los hombres.

Una de ellas, curiosa, se ha posado frente  a una forma inmóvil que destaca sobre el risco más alto. La figura no se mueve; apenas se diferencia de las rocas por el lento e imperceptible movimiento de su pecho mojado.

Y la figura inmóvil a su vez, descubre que no esta sola. Pone atención al pájaro blanco-grisáceo que la observa, tan quieta como ella. En sus labios, asoma un deseo que su voz  expresa con un casi imperceptible desgano:

– … quisiera tomar tu lugar  – susurrra  – …ser una gaviota…-